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28 Noviembre
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Resignarse puede representar estoicismo o acatamiento de una realidad no modificable, o por otro lado, rendición y sumisión

Pues, depende. En un lema que usan los Alcohólicos Anónimos, ellos le piden a la Divina Providencia que les conceda la serenidad para admitir las cosas que no pueden modificar, el valor para modificar aquellas que pueden transformar y la sabiduría para reconocer la diferencia entre lo que se puede modificar y lo que no.

La resignación puede ser muy positiva o todo lo contrario. Se trata de la conformidad, la tolerancia y la paciencia que tengamos ante las adversidades. Pero puede significar además someterse a la voluntad de alguien o renunciar a nuestros principios y derechos. Así, en el momento que alguien se resigna, puede representar estoicismo, aguante, o acatamiento de una realidad como la muerte de un ser querido, o por otra parte, caracterizar mansedumbre, docilidad, rendición y sumisión.

Por esto, es que es tan fundamental que sepamos diferenciar cuándo algo se puede modificar y cuándo no. Veamos un caso: Que suframos un terremoto no depende de nosotros por lo que vivir esa terrible experiencia debemos admitirla. No obstante, el estar preparados para cómo actuar sí esto ocurre si puede ser nuestra responsabilidad y nos permitiría mayores probabilidades de salir ileso. Es obvio que no debemos resignarnos a vivir sin progresar. Siempre nuestro destino o futuro será superior si trabajamos y nos esforzamos para conseguirlo. Lo contrario en el extremo sería admitir que nada cambia, que no podemos modificar y que vivimos condenados a que las cosas permanezcan como están. En este caso, la resignación nos llevaría a existir bajo una frustración permanente, no buscar alternativas, suspender o mantener muy bajo el nivel de las aspiraciones, sentirnos impotentes ante todo, subestimarnos, ser pesimistas, y convivir con una desesperanza aprendida.

En otro nivel, existen parámetros que no se pueden perder. Podemos resignarnos por distintos perjuicios, daños y hasta por experimentar desgracias personales. Siempre podremos serenarnos y recuperarnos, sobre todo sí entendemos que esa circunstancia no la pudimos modificar. Pero, en el momento que se trate de nuestros valores nunca debemos resignarnos. Jamás podemos renunciar a que se nos quite el derecho a la vida, a la libertad, a mejorar, a ser felices y a vivir en paz. La historia nos enseña que en el momento que un pueblo se resigna a lo peor, esto sucede, el genocidio. Por tanto, en el momento que hablamos de derechos humanos y de los valores intrínsecos a la humanidad, la palabra resignación no cabe, no tiene validez. Es el momento aguantar y de tener el valor para modificar lo que tengamos que reemplazar o reformar, cueste lo que nos cueste.

Fuente: psicologiaparatodos.com



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AUTOR: Marcos Solano
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